
SU PUEBLO NATAL
Los años de infancia de José Gregorio transcurrieron sin grandes sobresaltos en su pueblito de Isnotú, que en aquella época también era conocido como parroquia Libertad. Isnotú o Libertad era entonces apenas un pequeño caserío de humildes hogares agrupados en torno a dos calles. La via principal era de 1.700 metros de largo y ocho de ancho, y la otrade 600 metros con siete y medio de ancho.
El pueblo de Isnotú, se eleva a 850 metros sobre el nivel del lago de
Maracaibo. Limita al Norte con la quebrada de Lamedero. Al Sur con el cerro de
Ponemesa. Al Este con la quebrada de Canambú. Y al Oeste con la de Vichú. José
Gregorio Hernández Cisneros, nacido un 26 de Octubre de 1864, en el municipio
de Isnotú, Distrito Betijoque del Estado de Trujillo, Venezuela, situado a 500
Km de Caracas. Fue bautizado en la Iglesia del dulce nombre de Jesús de
Escuque, el dia 30 de Enero de 1865. El 6 de diciembre del mismo año confirmado
por el ilustrísimo señor Juan Bonet, Obispo de Mérida.
En la actualidad, la fisonomía de Isnotú difiere mucho de la de los tiempos de
José Gregorio, pués no sólo el progreso ha llegado hasta ésta antiguamente
apartada región andina, sino que junto a la producción de caña, café, plátano,
maíz, frijoles, maderas laborables y de otras propiedades, se ha venido a
sumar, como elemento influyente en la economía de la región, el incesnte
peregrinar de los devotos de José Gregorio, que vienen a depositar sus exvotos
en las dos únicas paredes que quedan en la casa que lo vió nacer.
En 1864 Isnotú era un pueblo de gentes humildes dedicadas a la agricultura o al
corte de madera. La familia de José Gregorio tenía una posición un poco más
elevada en el pueblo, pues el padre, don Benigno, poseía un comercio, de esos
caracteristicos en las zonas rurales en aquellos años. En este comercio se
vendía de todo lo que podrían necesitar las familias del pueblo, desde sal y
pimienta hasta jabones, telas, perfumes y artículos de género.
SUS PADRES
Su padre, don Benigno María Hernández Manzaneda era de ascendencia colombiana, y su madre, doña Josefa Antonia Cisneros Mansilla, era de procedencia española.
Por línea materna había cierto parentesco con el famoso cardenal Francisco Jiménez de Cisneros quien fuera confesor de la reina Isabel la Católica, fundador de la universidad de Alcalá y un gran propugnador de la cultura en su época.
Por linea paterna, a través del linaje de un tío bisabuelo, José Gregorio se emparentaba con Francisco Luis Febres Cordero Muñoz, eminente educador y escritor, miembro de la Academia Ecuatoriana de la Lengua, y correspondiente de la Real Academia de la Lengua Española, quien utiliza como seudónimo literario G.M. Bruño, con el que escribió un célebre libro de cálculoque habría de resultar muy útil a toda una generación de estudiantes.
SUS ESTUDIOS EN CARACAS
José Gregorio le manifestó a su padre que le interesaba ir a Caracas a estudiar leyes; pero Don Benigno lo convenció de que debía estudiar medicina. José Gregorio aceptó obedientemente la orientación de su padre, y a partir de ese momento tomó a la medicina como su propia vocación, quizá porque veía en ella una manera de expresar su natural inclinación a ayudar a los demás.
Cuando apenas contaba trece años y medio, bajó de la sierra trujillana hasta
Caracas decidido a estudiar medicina. Habría de preparar el bachillerato en el
Colegio Villegas, uno de los mejores de la época. Se encontraba al frente del
colegio Guillermo Tell Villegas y su esposa Pepita Perozo de Villegas, quienes
habrían de tomarle gran afecto al nuevo alumno. Inicialmente José Gregorio se
hospedó en habitaciones del mismo colegio.
No pasó mucho tiempo sin que las cualidades de estudiante, y el carácter serio
de José Gregorio se destacara entre sus compañeros. Estos rasgos no pasaron
inadvertidos para el rector del plantel, y poco después lo nombraba inspector
para que velara por el mantenimiento de la disciplina en los predios de la
escuela.
Durante sus años en el colegio Villegas, José Gregorio siempre obtuvo las
mejores notas, ganó distinciones y premios, y en varias ocasiones las medallas
de la aplicación y de buena conducta. Fue tanto su adelanto que llegó a fungir
como profesor de aritmética. Entre 1878 y 1882 José Gregorio cursó en dicho
colegio preparatorio y filosofía, graduándose de bachiller en filosofía en ese
último año.
Cuando ingresó a la universidad central de Caracas José Gregorio tenía 17 años.
Durante los dos primeros años de estudios universitarios continuó viviendo en
el colegio Villegas, donde aun desempeñaba el cargo de inspector y donde era
tratado como un miembro de la familia; pero, en 1884, cuando comenzó a cursar
el tercer año de medicina, dejo el collegio Villegas para establecerse en
habitaciones alquiladas a los esposos Margarita Patria y Germán Puyou en la
casa número 3 de Madrices a Ibarra.
En ese mismo año, mientras cursaba el tercero de medicina, habría de conocer a
dos de sus mejores amigos, quiénes habrían de significar mucho en su vida y
cuyos datos testimoniales habrían de tener un valor incalculable para los
biógrafos del sabio de Isnotú.
SUS ESTUDIOS EN PARIS
La fecha exacta de la llegada de José Gregorio a París se desconoce, pero se sabe que ya en noviembre de 1889 se encontraba estudiando en el laboratorio de histología de Mathias Duval.
Estos años en la capital francesa habrían de resultar muy positivos para su
ulterior desarrollo como profesional y, como consecuencia, también serían
decisivos para el avance de la medicina moderna en Venezuela.
En París José Gregorio no perdió su tiempo en vanas diversiones, sino que dedicó todo se esfuerzo el estudio, la experimentación y al ejercicio de su profesión en los hospitales de esa ciudad, superando sus conocimientos a través del contacto directo con algunos de los mejores clínicos e investigadores franceses del momento.
Durante esos meses José Gregorio asistió asiduamente al laboratorio del Mathias
Duval, donde aprendió y practicó histología. En el laboratorio del doctor
Charles Richet profundizó en fisiología, y el del Dr. Strauss se dedicó a
investigaciones bacteriológicas, y emprendió exitosamente un original
experimento sobre la vacuna química.
Durante su estancia en la capital francesa José Gregorio compró un violín en el
cual practicaba esporádicamente. Este violín, que había recibido la medalla de
oro de la Exposición Universal de París de 1889, habría de acompañarlo hasta
que partió para la Cartuja de Farneta en 1890, cuando se lo regaló a su sobrino
Benigno. Una nota grave habría de ensombrecer el triunfo que significaba para
José Gregorio el poder desarrollar sus conocimientos profesionales en la capital
francesa.
El 8 de marzo de 1890 murió su padre, don Benigno Hernández Manzaneda, transido de dolor por no haber estado junto a su padre en el último momento, José Gregorio nombró como apoderado para las cuestiones legales de las que debía ocuparse como hermano mayor a su cuñado Temístocles Carvallo. Con un nuevo gesto de generosidad, José Gregorio entregó toda su herencia a sus sobrinos, los hijos de su hermana Sofía con el señor Carvallo.
En 1891, ya plenamente familiarizado con los últimos desarrollos científicos de
la capital francesa, José Gregorio hizo gestiones con el Ministro
Plenipotenciario de Venezuela en París, y con el Embajador de Alemania, para
viajar a Berlín con el fin de continuar sus estudios de histología patológica.
Contrariamente a lo que esperaba José Gregorio, este viaje no se realizó, aun
cuando la beca que se le había otorgado originalmente también incluía los
mencionado estudios en la capital alemana.
Sin embargo, el gobierno venezolano, informado de los adelantos obtenidos por
José Gregorio en París, lo responsabilizó con la compra de todo el instrumental
necesario para la creación de un laboratorio de fisiología experimental, el
cual, por disposición presidencial, habría de establecerse en el Gran Hospital
Vargas de Caracas.
José Gregorio recibió una comunicación oficial de dicha designación firmada por
el Ministro de Instrucción Pública, tras lo cual se dedicó a elaborar un
inventario de lo que debería tener dicho laboratorio, y a calcular el
presupuesto necesario para el mismo. Como modelo tomó José Gregorio al
laboratorio de la Facultad de Medicina de París. No se sabe la fecha en que
salió de Francia el joven médico, pero el 24 de agosto de ese año José Gregorio
se encontraba establecido en Caracas.
SU VIDA RELIGIOSA
La vocación sacerdotal que según algunos de sus biógrafos había alimentado desde joven junto a su vocación por la medicina, se había desarrollado de una manera serena, manteniéndose siempre como a la sombra de su fervor profesional. No era José Gregorio hombre a quién se oyera con frecuencia hacer comentarios religiosos, al extremo de que uno de sus amigos cercanos, Pedro Cesar Dominici, se sorprendió mucho cuando en una ocasión, conversando acerca del clero, éste le reveló que pertenecía a una orden exclaustrada.
No obstante esa discreción con respecto a su vocación y su fé, su deseo de
entregarse totalmente a Dios fue siempre en aumento. En 1907, después de
haberse traído a todos sus familiares a Caracas, y de haber encaminado hermanos
y sobrinos en dicha capital, José Gregorio sintió que ya sus deberes familiares
estaban cumplidos. Y como ya se encontraba jubilado de su puesto de catedrático
universitario, y además había hecho valiosos aportes a la medicina venezolana y
mundial con sus trabajos científicos, consideró que también sus deberes para
con su país y con la ciencia habían sido cumplidos, por lo que le era posible
entonces llevar a vías de hecho su tan aplazada vocación religiosa.
El padre Juan Bautista Castro, su director espiritual durante años, quien era a la sazón Arzobispo de Caracas y Primado de Venezuela, después de mucho discutir con José Gregorio todo lo útil que aún podía ser a su país y al mundo, aprobó finalmente la vocación de José Gregorio. Monseñor Castro envió una carta de recomendación con fecha 6 de octubre de 1907 en la que solicitaba al Prior de la orden de San Bruno en La Cartuja de Farneta cercana al pueblito de Lucca, Italia, el ingreso de José Gregorio en dicho claustro. José Gregorio por su parte envió también una carta al Prior.
El 16 de julio de 1908 llegó José Gregorio finalmente a la Cartuja de Farneta.
Los preliminares de su ingreso consistieron en un nuevo examen de su vocación
que habría de durar varios días. En estos días se instruía al aspirante a
novicio sobre los pormenores de su vida futura y de todos los detalles de la
orden en la que iba a ingresar, al mismo tiempo que se comprobaba si su
vocación era puramente religiosa o si simplemente se trataba de reacción
pasajera ante circunstancias adversas de la vida de este mundo.
Una vez probada su vocación, Fray Etienne le lavó los pies, ceremonia previa a
ser recibido en la celda por el Prior de la orden. Este lavatorio de pies
simboliza que el novicio debe dejar tras de sí al entrar en clausura 'el polvo
del siglo' y consagrar su vida a la oración y la devoción.
El período de postulado habría de durar un més. Durante ese més el futuro
novicio vistió un manto negro sobre sus ropas civiles al acompanar a los los
cartujos en todas sus actividades monacales. En esos días el maestro de
novicios, Fray Etienne, se encargaba de instruirlo en las labores que una vez
aceptado en al orden, habría de ser su actividad diaria.
Al cabo de este mes de postulado, probada una vez más la voluntad y la vocación
de José Gregorio, el Prior lo propuso ante los frailes de la comunidad para la
toma del hábito.
En la sala del capitulo de la cartuja, José Gregorio arrodillado a los pies del Prior, y con las manos de este entre las suyas, respondió a las preguntas que éste le formulaba en latín.
Unas ves concluido el interrogatorio los frailes debían votar con respecto a la
aceptación de José Gregorio como cartujo, mientras el futuro novicio se
retiraba a la capilla en espera del resultado. La votación se haría privada y
en secreto. Cada fraile debía colocar un grano negro o uno blanco en una urna
según fuera su opinión con respecto al ingreso del nuevo novicio en la orden.
Al contarse los granos se comprobó una mayoría de granos blancos, y José Gregorio fue conducido nuevamente a la sala del capítulo, donde hubo de escuchar una nueva alocución del Padre Prior. José Gregorio, de rodillas repitió su solicitud de ingreso en la orden, a lo que el Padre Prior respondió:
"En el nombre de Dios y de la Orden, en mi nombre y el de mis Hermanos, yo os admito entre nosotros; y os prevengo de que hasta vuestra profesión vos sois libre de retiraos, pero nosotros también, de nuestra parte, podemos despediros si vuestra conducta nos desagrada"
Inmediatamente después le dio el "beso de paz", y seguidamente José Gregorio
fue a arrodillarse ante los pies de cada uno de sus nuevos hermanos en la
orden, quienes a su vez, solemnemente conmovidos, también lo besaron y lo
abrasaron.
A partir de ese momento ya José Gregorio nunca más podría vestir las ropas
seglares, sino que bajo el manto negro, habría de llevar ahora el cilicio de
piel de cabra que impone la orden y la túnica blanca de los novicios. Además su
cabello fue cortado al ras y le afeitaron el bigote que había conservado hasta
el momento. Su nombre pasa a ser entonces el de "Hermano Marcelo", y
se le adjudicó una celda en el convento que ostentaba en la puerta en una
tablilla la letra U y una sentencia en latín tomada de la
Biblia "Vir obediens loquetur victoriam"
Era el 29 de agosto de 1908. Con el nombre de Fray Marcelo nacía José Gregorio
a una nueva vida de duras privaciones, pues las reglas de la orden obligan al
novicio a familiarizarse desde el principio con todos los rigores de la vida
cartujana.
Los días en la cartuja se dividían en 7 horas de sueño, 15 de estudio y ejercicios espirituales, y 2 horas de trabajo físico. Las celdas cartujanas están compuestas de dos compartimientos, uno destinado a dormitorio y el otro destinado al estudio; cuentan también con un pequeño patio, donde a solas realizan los trabajos que consisten fundamentalmente en cortar leña con hacha. De éstos aposentos no pueden salir los monjes sino cuando el Prior o el Maestro de Novicios se lo pide. La comunicación está prohibida en todo momento pues hasta en los oficios religiosos deben permanecer con la vista baja. Si precisan de algo, tienen que escribirlo en un papel y colocarlo en el torno de la celda en el cual se les colocan los escasos alimentos.
Como se ve es un régimen de total aislamiento no solo del contacto humano sino
de todos los posibles placeres del cuerpo como pueden ser el comer y el beber.
Las mortificaciones son constantes pues el cilicio molesta en su contacto
directo con la piel, y cuando hace frío, aunque las ropas son de lana, resulta
muy incomodo, pues no les es permitido encender fuego para calentares, ni
siquiera cuando la temperatura llega hasta varios grados bajo cero en la escala
centígrada.
Todo parecía indicar que Fray Marcelo tomaría finalmente el hábito y seguiría sin tropiezos el camino que se había trazado; sin embargo, el señor tenía deparado un destino diferente al fervoroso cartujo, pues la salud de José Gregorio se vio quebrantada ante las duras reglas de la orden. El padre superior D. Rene, considero prudente el que Fray Marcelo volviera a ser el Dr., José Gregorio Hernández y que regresara por unos años a Venezuela hasta que su salud se viera totalmente restablecida.
Por esa razón, y contra su voluntad, José Gregorio se vio precisado a dejar los
hábitos y a abandonar la Cartuja de Farneta nueve meses después de haber
ingresado en ella.
SU MUERTE
Un 29 de Junio de 1.919, como todos los días, José Gregorio se levantó a las cinco, tomó su primer baño del día, rezó el Angelus, y después se dirigió a la iglesia de la Divina Pastora a escuchar la misa y a comulgar. Como era domingo, no tenía que ir a la universidad, por lo que se fué a visitar algunos de sus enfermos en esa parroquia. Regreso luego a su casa (en el numero 3 de San Andrés a Desbarrancado), donde su hermana Isolina le sirvió el desayuno: pan, mantequilla, queso y agua de panela. Después de organizar su consultorio, salió a visitar las casas de sus pacientes, cosa que acostumbraba hacer en las mañanas que no tenía clases, entre las ocho y las once y cuarenta y cinco. Para este recorrido José Gregorio iba generalmente a pie.
Poco antes del mediodía llego a su casa, donde tomó su segundo baño del día
como era costumbre. A las doce del día rezó el Angeluz y se sentó a almorzar.
Este último almuerzo consistió en sopa, legumbres, arroz y carne acompanados de
un refresco de guanábana que le enviara su cuñada, Dolores de Jesús Briceno
Gonzales, la esposa de Cesar Benigno.
Para reposar el almuerzo se sentó en la mecedora que tenia para atender a los
pobres que venían a verlo durante dos horas todos los días. Estaba esta
mecedora junto a una imagen de San José.
Pasada la una y media de la tarde llego alguien a avisarle de que una señora
anciana se encontraba muy grave, José Gregorio tomó su sombrero y partió
enseguida a visitarla. Esta anciana vivía entre Amadores y carbones.
Cuando salió de consultar a la anciana enferma, José Gregorio, considerando que
esta era muy pobre decidió el mismo irle a comprar las medicinas que le había
recetado y para ello se llegó hasta la farmacia que se encontraba en la esquina
de Amadores.
En la esquina de Amadores y Urapal se encontraba estacionado un tranvía y en el
momento en que salía José Gregorio de la farmacia con las medicinas otro
tranvía subía desde Guanabanos hacia Amadores. José Gregorio fué a cruzar la
calle por delante del tranvía que se encontraba detenido, sin percatarse de que
un automóvil se aceraba en esa dirección, sorprendido por la aparición
inesperada del transeúnte el chofer no pudo detener a tiempo el vehículo que
conducía a 30 Km por hora y José Gregorio recibió el fuerte impacto que lo
lanzó por el aire contra un poste telefónico; golpeandose en su caída con el
filo de la acera. Este golpe de acuerdo con el informe forense es lo que
ocasiona la muerte del ilustre médico y siervo de Dios pocos minutos más tarde,
pues le fracturó la base del cráneo y le provocó una hemorragia interna.
La señorita Angela Páez se encontraba en ese momento asomada a la ventana de su
casa, numero 29 entre
Guanabano y Amadores y pudo ver el accidente. De acuerdo a su testimonio cuando
José Gregorio vio que se le abalanzaba el automóvil, exclamo: "Virgen
Santisima".
Por extrana coincidencia el que conducía el automóvil Fernando Bustamante
Morales, iba a ser compadre de José Gregorio y este había curado en una ocasión
a su madre y salvado de la peste a una de sus hermanas.
En el mismo auto que lo atropellara llevaron a José Gregorio a toda carrera
hasta el Hospital Vargas. Cuando llegaba el coche con la víctima ya en estado
de coma salía en ese momento del hospital el Presbítero Tomás García Pompa,
Capellán de esa institución quién al enterarse del caso regresó justo a tiempo
para imponer los Santos Oleos al moribundo.
También en el mismo auto del accidente fueron a buscar al doctor Luis Razzetti,
quien habría de firmar el acta de defunción:" Además de la fractura de la
base del cráneo certificada, tenía una ligera herida en la sien derecha, y un
morado en la misma sien, señales del golpe contra el poste de hierro; por la
nariz y la boca le brotaba sangre; más arriba de las rodillas tenía una franja
morada en ambas piernas"
Las hermanas de San José de Tarbes fueron las encargadas de la piadosa labor de
amortajar a José Gregorio. Una vez examinado y amortajado el cuerpo fue
trasladado a la casa de sus hermanos José Benigno, Avelina y Hercilia
Hernández, en el numero 57 en la avenida Norte, entre TiendaHonda y Puente de
laTrinidad. La elección de esta casa para exponer el cuerpo se hizo tomando en
cuenta el que era más grande que la de José Gregorio y como se esperaba una
gran afluencia de dolientes en esta casa sería más fácil acomodarlos.
Sin embargo la reacción popular fue muy superior a lo que se esperaba. La
noticia de su muerte fue trasmitida por toda Caracas en cuestión de minutos y
el número de personas que se presentó a ofrecer sus últimos respetos al doctor
Hernández fué tran grande que las autoridades tuvieron que intervenir para
organizar el desfile incesante de dolientes.
Durante toda la noche estuvieron desfilando pacientes y amistades por la
capilla improvisada en la casa de la avenida Norte para ver por última vez al
médico y al amigo que tanto bien le había hecho en éste mundo. A las siete de
la mañana del día siguiente, realizó el oficio de difuntos de cuerpo presente
el entonces Arzobispo de Caracas Primado de Venezuela Monsenor Felipe Rincón
González. A la luctuosa ceremonia concurrieron sus familiares y un gran número
de representantes de organizaciones religiosas.
A las 10 de la manana del 30 de Junio se inició el traslado del féretro hacia
el Paraninfo Universitario. Este habría de hacerse en los hombros de los
estudiantes y de sus discípulos. Dos largas hileras de colegas y estudiantes
precedían el cortejo fúnebre. Cada uno de estos portaba una corona floral.
Una ves depositada la fúnebre carga se estableció una guardia de honor en torno
al ataúd integrada por cuatro alumnos los cuales eran reemplazados cada media
hora. Las ofrendas florales que según algunos sumaban más de mil coronas,
fueron colocadas en el salón central del Paraninfo y en otros salones.
Si grandioso había sido el desfile hacia el Paraninfo Universitario,
indescriptible resultaría el desbordante cortejo hacia la Catedral. Toda
Caracas se desbordaba en un verdadero mar humano para ver pasar por última vez
al que tantas veces recorriera sus calles para llevar salud, consuelo y ayuda.
Un 29 de Junio de 1.919, como todos los días, José Gregorio se levantó a las cinco, tomó su primer baño del día, rezó el Angelus, y después se dirigió a la iglesia de la Divina Pastora a escuchar la misa y a comulgar. Como era domingo, no tenía que ir a la universidad, por lo que se fué a visitar algunos de sus enfermos en esa parroquia. Regreso luego a su casa (en el numero 3 de San Andrés a Desbarrancado), donde su hermana Isolina le sirvió el desayuno: pan, mantequilla, queso y agua de panela. Después de organizar su consultorio, salió a visitar las casas de sus pacientes, cosa que acostumbraba hacer en las mañanas que no tenía clases, entre las ocho y las once y cuarenta y cinco. Para este recorrido José Gregorio iba generalmente a pie.
Poco antes del mediodía llego a su casa, donde tomó su segundo baño del día
como era costumbre. A las doce del día rezó el Angeluz y se sentó a almorzar.
Este último almuerzo consistió en sopa, legumbres, arroz y carne acompanados de
un refresco de guanábana que le enviara su cuñada, Dolores de Jesús Briceno
Gonzales, la esposa de Cesar Benigno.
Para reposar el almuerzo se sentó en la mecedora que tenia para atender a los
pobres que venían a verlo durante dos horas todos los días. Estaba esta
mecedora junto a una imagen de San José.
Pasada la una y media de la tarde llego alguien a avisarle de que una señora
anciana se encontraba muy grave, José Gregorio tomó su sombrero y partió
enseguida a visitarla. Esta anciana vivía entre Amadores y carbones.
Cuando salió de consultar a la anciana enferma, José Gregorio, considerando que
esta era muy pobre decidió el mismo irle a comprar las medicinas que le había
recetado y para ello se llegó hasta la farmacia que se encontraba en la esquina
de Amadores.
En la esquina de Amadores y Urapal se encontraba estacionado un tranvía y en el
momento en que salía José Gregorio de la farmacia con las medicinas otro
tranvía subía desde Guanabanos hacia Amadores. José Gregorio fué a cruzar la
calle por delante del tranvía que se encontraba detenido, sin percatarse de que
un automóvil se aceraba en esa dirección, sorprendido por la aparición
inesperada del transeúnte el chofer no pudo detener a tiempo el vehículo que
conducía a 30 Km por hora y José Gregorio recibió el fuerte impacto que lo
lanzó por el aire contra un poste telefónico; golpeandose en su caída con el
filo de la acera. Este golpe de acuerdo con el informe forense es lo que
ocasiona la muerte del ilustre médico y siervo de Dios pocos minutos más tarde,
pues le fracturó la base del cráneo y le provocó una hemorragia interna.
La señorita Angela Páez se encontraba en ese momento asomada a la ventana de su
casa, numero 29 entre
Guanabano y Amadores y pudo ver el accidente. De acuerdo a su testimonio cuando
José Gregorio vio que se le abalanzaba el automóvil, exclamo: "Virgen
Santisima".
Por extrana coincidencia el que conducía el automóvil Fernando Bustamante
Morales, iba a ser compadre de José Gregorio y este había curado en una ocasión
a su madre y salvado de la peste a una de sus hermanas.
En el mismo auto que lo atropellara llevaron a José Gregorio a toda carrera
hasta el Hospital Vargas. Cuando llegaba el coche con la víctima ya en estado
de coma salía en ese momento del hospital el Presbítero Tomás García Pompa,
Capellán de esa institución quién al enterarse del caso regresó justo a tiempo
para imponer los Santos Oleos al moribundo.
También en el mismo auto del accidente fueron a buscar al doctor Luis Razzetti,
quien habría de firmar el acta de defunción:" Además de la fractura de la
base del cráneo certificada, tenía una ligera herida en la sien derecha, y un
morado en la misma sien, señales del golpe contra el poste de hierro; por la
nariz y la boca le brotaba sangre; más arriba de las rodillas tenía una franja
morada en ambas piernas"
Las hermanas de San José de Tarbes fueron las encargadas de la piadosa labor de
amortajar a José Gregorio. Una vez examinado y amortajado el cuerpo fue
trasladado a la casa de sus hermanos José Benigno, Avelina y Hercilia
Hernández, en el numero 57 en la avenida Norte, entre TiendaHonda y Puente de
laTrinidad. La elección de esta casa para exponer el cuerpo se hizo tomando en
cuenta el que era más grande que la de José Gregorio y como se esperaba una
gran afluencia de dolientes en esta casa sería más fácil acomodarlos.
Sin embargo la reacción popular fue muy superior a lo que se esperaba. La
noticia de su muerte fue trasmitida por toda Caracas en cuestión de minutos y
el número de personas que se presentó a ofrecer sus últimos respetos al doctor
Hernández fué tran grande que las autoridades tuvieron que intervenir para
organizar el desfile incesante de dolientes.
Durante toda la noche estuvieron desfilando pacientes y amistades por la
capilla improvisada en la casa de la avenida Norte para ver por última vez al
médico y al amigo que tanto bien le había hecho en éste mundo. A las siete de
la mañana del día siguiente, realizó el oficio de difuntos de cuerpo presente
el entonces Arzobispo de Caracas Primado de Venezuela Monsenor Felipe Rincón
González. A la luctuosa ceremonia concurrieron sus familiares y un gran número
de representantes de organizaciones religiosas.
A las 10 de la manana del 30 de Junio se inició el traslado del féretro hacia
el Paraninfo Universitario. Este habría de hacerse en los hombros de los
estudiantes y de sus discípulos. Dos largas hileras de colegas y estudiantes
precedían el cortejo fúnebre. Cada uno de estos portaba una corona floral.
Una ves depositada la fúnebre carga se estableció una guardia de honor en torno
al ataúd integrada por cuatro alumnos los cuales eran reemplazados cada media
hora. Las ofrendas florales que según algunos sumaban más de mil coronas,
fueron colocadas en el salón central del Paraninfo y en otros salones.
Si grandioso había sido el desfile hacia el Paraninfo Universitario,
indescriptible resultaría el desbordante cortejo hacia la Catedral. Toda
Caracas se desbordaba en un verdadero mar humano para ver pasar por última vez
al que tantas veces recorriera sus calles para llevar salud, consuelo y ayuda.
PENSAMIENTOS DE JOSE G. HERNANDEZ
EL BIEN SÓLO PUEDE VENIR DE LA VERDAD, NUNCA DEL ERROR.
EL ERROR ES EL VENENO DE LA INTELIGENCIA.
UN HOMBRE AUTENTICO TIENE COMO IDEAL MORAL HACER EL BIEN. EN EL HOMBRE
EL DEBER ES LA RAZÓN DE SER DEL DERECHO DE MANERA QUE EL HOMBRE TIENE DEBERES, ANTES DE TENER DERECHOS.
EL GRANDE, EL IMPRESCINDIBLE DEBER DEL HOMBRE PARA CON SU INTELIGENCIA, ES EL DE EVITAR EL ERROR.
LA LEY MORAL ES LA REGLA QUE DEBE DIRIGIR LOS ACTOS DEL SER INTELIGENTE Y LIBRE.
HAY UNA FACULTAD ESPECIAL EN LA INTELIGENCIA QUE TIENE POR OBJETO EL CONOCIMIENTO DEL DEBER; ESTA FACULTAD ES LA CONCIENCIA MORAL.
LA VOLUNTAD ASPIRA AL BIEN, LA MORAL ES LA CIENCIA DEL BIEN. LAS INCLINACIONES MORALES SON MOVIMIENTOS DEL ALMA HACIA EL BIEN. ELLAS PRODUCEN EL PERFECTO DESARROLLO DEL SER MORAL DEL HOMBRE.
EL HOMBRE HA DE POSEER UNA "FILOSOFÍA OBLIGATORIA"; PERSONAL Y PROPIA QUE HA DE SER DURANTE SU VIDA NORMA DE SU INTELIGENCIA, AQUELLA DE LA CUAL HA DE SERVIRSE PARA PODER EXISTIR COMO SER PENSADOR.
HAY UN SER INFINITAMENTE PODEROSO Y SABIO, CREADOR DEL UNIVERSO ADMIRABLEMENTE ORDENADO QUE CONOCEMOS. ESTE SER LO LLAMAMOS DIOS.
EN EL MUNDO NO HAY QUIEN RECLAME ESTE PRIVILEGIO DE GUÍA, MAESTRA INFALIBLE DE LA VERDAD, SINO SOLAMENTE LA SAGRADA IGLESIA CATÓLICA, APOSTÓLICA Y ROMANA.
DIOS, SER INFINITAMENTE PERFECTO, HA DEBIDO FORZOSAMENTE DEJAR AL HOMBRE, UNA GUÍA INFALIBLE QUE LE ENSEÑE EL VERDADERO CAMINO PARA ALCANZAR SU ULTIMO FIN. DE OTRA MANERA LE FALTARÍA A DIOS UNA PERFECCIÓN, LA PROVIDENCIA Y POR LO TANTO NO SERÍA INFINITAMENTE PERFECTO.




























